
pobieranie * pdf * do ÂściÂągnięcia * download * ebook
Podobne
- Strona startowa
- (eBook) Sex How To Get The Women You Desire Into Bed
- ebook History Egypt Egyptian Myth and Legend
- ebook pdf Health Eight_Lectures_on_Yoga
- eBook Philosophy Book Of The Samurai (1) 1
- Ebook Buddhism Knowing and Seeing
- James_Grippando_ _Jack_Swyteck_03_ _Last_to_Die
- Ed Greenwood Shandril's Saga 02 Crown Of Fire
- Cyborg Seduction 4 Touching Ice
- Charmed 20 Die Saat des BĂśsen Torsten Dewi
- Trish Wylie śąycie jak romans
- zanotowane.pl
- doc.pisz.pl
- pdf.pisz.pl
- stirlic.htw.pl
[ Pobierz całość w formacie PDF ]
hasta los ojos, hechas del tamaño
que se hacen en Cluní para los monjes: 63
por fuera son de oro y deslumbrantes,
mas por dentro de plomo, y tan pesadas
que Federico de paja las puso. 66
¡Oh eternamente fatigoso manto!
Nosotros aún seguimos por la izquierda
a su lado, escuchando el triste lloro; 69
mas cansados aquéllos por el peso,
venían tan despacio, que con nuevos
compañeros a cada paso estábamos. 72
Por lo que dije al guía: «Ve si encuentras
a quien de nombre o de hechos se conozca,
y los ojos, andando, mueve entorno.» 75
Uno entonces que oyó mi hablar toscano,
de detrás nos gritó: « Parad los pasos,
los que corréis por entre el aire oscuro. 78
Tal vez tendrás de mí lo que buscabas.»
Y el guía se volvió y me dijo: «Espera,
y luego anda conforme con sus pasos.» 81
Me detuve, y vi a dos que una gran ansia
mostraban, en el rostro, de ir conmigo,
mas la carga pesaba y el sendero. 84
Cuando estuvieron cerca, torvamente,
me remiraron sin decir palabra;
luego a sí se volvieron y decían: 87
«Ése parece vivo en la garganta;
y, si están muertos ¿por qué privilegio
van descubiertos de la gran estola?» 90
Dijéronme: «Oh Toscano, que al colegio
de los tristes hipócritas viniste,
dinos quién eres sin tener reparo.» 93
«He nacido y crecido -les repuse-
en la gran villa sobre el Arno bello, 95
y con el cuerpo estoy que siempre tuve. 96
¿Quién sois vosotros, que tanto os destila
el dolor, que así veo por el rostro,
y cuál es vuestra pena que reluce?» 99
«Estas doradas capas -uno dijo-
son de plomo, tan gruesas, que los pesos
hacen así chirriar a sus balanzas. 102
Frailes gozosos fuimos, boloñeses; 103
yo Catalano y éste Loderingo
llamados, y elegidos en tu tierra, 105
como suele nombrarse a un imparcial
por conservar la paz; y fuimos tales
que en torno del Gardingo aún puede verse.» 108
Yo comencé: «Oh hermanos, vuestros males »
No dije más, porque vi por el suelo
a uno crucificado con tres palos. 111
Al verme, por entero se agitaba,
soplándose en la barba con suspiros;
y el fraile Catalán que lo advirtió, 114
me dijo: «El condenado que tú miras, 115
dijo a los fariseos que era justo
ajusticiar a un hombre por el pueblo. 117
Desnudo está y clavado en el camino
como ves, y que sienta es necesario
el peso del que pasa por encima; 120
y en tal modo se encuentra aquí su suegro 121
en este foso, y los de aquel concilio
que a los judíos fue mala semilla.» 123
Vi que Virgilio entonces se asombraba 124
por quien se hallaba allí crucificado,
en el eterno exilio tan vilmente. 126
Después dirigió al fraile estas palabras:
«No os desagrade, si podéis, decirnos
si existe alguna trocha a la derecha, 129
por la cual ambos dos salir podamos,
sin obligar a los ángeles negros,
a que nos saquen de este triste foso.» 132
Repuso entonces: «Antes que lo esperes,
hay un peñasco, que de la gran roca
sale, y que cruza los terribles valles, 135
salvo aquí que está roto y no lo salva.
Subir podréis arriba por la ruina
que yace al lado y el fondo recubre.» 138
El guía inclinó un poco la cabeza:
dijo después: « Contaba mal el caso
quien a los pecadores allí ensarta.» 141
Y el fraile: « Ya en Bolonia oí contar
muchos vicios del diablo, y entre otros
que es mentiroso y padre del embuste.» 144
Rápidamente el guía se marchó,
con el rostro turbado por la ira;
y yo me separé de los cargados, 147
detrás siguiendo las queridas plantas.
CANTO XXIV
En ese tiempo en el que el año es joven 1
y el sol sus crines bajo Acuario templa,
y las noches se igualan con los días, 3
cuando la escarcha en tierra se asemeja
a aquella imagen de su blanca hermana,
mas poco dura el temple de su pluma; 6
el campesino falto de forraje,
se levanta y contempla la campiña
toda blanca, y el muslo se golpea, 9
vuelve a casa, y aquí y allá se duele,
tal mezquino que no sabe qué hacerse;
sale de nuevo, y cobra la esperanza, 12
viendo que al monte ya le cambió el rostro
en pocas horas, toma su cayado,
y a pacer fuera saca las ovejas. 15
De igual manera me asustó el maestro
cuando vi que su frente se turbaba,
mas pronto al mal siguió la medicina; 18
pues, al llegar al derruido puente,
el guía se volvió a mí con el rostro
dulce que vi al principio al pie del monte; 21
abrió los brazos, tras de haber tomado
una resolución, mirando antes
la ruina bien, y se acercó a empinarme. 24
Y como el que trabaja y que calcula,
que parece que todo lo prevea,
igual, encaramándome a la cima 27
de un peñasco, otra roca examinaba,
diciendo: «Agárrate luego de aquélla;
pero antes ve si puede sostenerte.» 30
No era un camino para alguien con capa,
pues apenas, él leve, yo sujeto,
podíamos subir de piedra en piedra. 33
Y si no fuese que en aquel recinto
más corto era el camino que en los otros,
no sé de él, pero yo vencido fuera. 36
Mas como hacia la boca Malasbolsas
del pozo más profundo toda pende,
la situación de cada valle hace 39
que se eleve un costado y otro baje;
y así llegamos a la punta extrema,
donde la última piedra se destaca. 42
Tan ordeñado del pulmón estaba
mi aliento en la subida, que sin fuerzas
busqué un asiento en cuanto que llegamos. 45
«Ahora es preciso que te despereces
-dijo el maestro-, pues que andando en plumas
no se consigue fama, ni entre colchas; 48
el que la vida sin ella malgasta
tal vestigio en la tierra de sí deja,
cual humo en aire o en agua la espuma. 51
Así que arriba: vence la pereza
con ánimo que vence cualquier lucha,
si con el cuerpo grave no lo impide. 54
Hay que subir una escala aún más larga; 55
haber huido de éstos no es bastante:
[ Pobierz całość w formacie PDF ]